Pepo Salazar Pepo Salazar (Vitoria-Gasteiz, 1976) does not develop literal works in which the significant and the meaning construct a fixed idea, not even ambiguous. His videos, installations and photos, as well as his graphic works, claim the attention on a new language that belongs so much to itself as to the generation who surrounds him. His visual slaps, his colored punches, the soft slashes of his pieces are beyond the social criticism, the politics and the historicist theory. They exceed the poetical denounce to create a new space in which his game is so perverse as our mind. As illusory and fantastic as the esthetic quality and the innovation of his recreations and fictions. His speech is the emptying of the habitual artistic language – what we might call the direct representation-. The mark that leaves a skul shaped ring on the stomach of the spectator. The smoke that gets into our eyes and allows to see the smoke. Nevertheless, perhaps, in his intervention at the Passage Souterrain, the work he created has a possible linkage with what happens in the top levels of the commercial universe in which we live. Pepo Salazar (Vitoria-Gasteiz, 1976) no desarrolla trabajos literales en los que el significante y el significado construyen una idea fija, ni siquiera ambigua. Sus vídeos, instalaciones y fotografias, así como sus trabajos gráficos, reclaman la atencion sobre un lenguaje nuevo que pertenece tanto a él mismo como a la generación que le rodea. Sus bofetadas visuales, sus puñetazos maquillados, los suaves navajazos de sus piezas están más allá de la crítica social, de la política y de la teoría historicista. Sobrepasan la denuncia poética para crear un nuevo espacio en el que su juego es tan perverso como nuestra mente. Tan ilusorio y fantástico como la calidad estética y la novedad de sus recreaciones y ficciones. Su discurso, es el vaciado del lenguaje artístico habitual –lo que podríamos llamar la representación directa-. Es la huella que deja un anillo con forma de calavera el estómago del espectador, el humo que se nos mete en los ojos y nos permite ver el humo.
Sin embargo, creo que en su intervención en el Passage Souterrain, el trabajo realizado sí tiene un posible enlace con lo que sucede en los niveles superiores del universo comercial en el que vivimos. La ciudad es una avalancha de imágenes publicitarias. Mensajes que debido a su extrema avaricia, a su agresividad y a la falta de respeto por el descanso visual y vital de los ciudadanos –tambien llamados consumidores-, pierden su sentido original y nos llegan como ecos de una sociedad pervertida.
Las palabras y las imagenes se convierten en balbuceos inconexos, en un collage de significantes y significados que pierde su sentido individual –«consúmame a mí»- para actuar como una vaselina que nos desliza por los suaves derroteros de un gran centro comercial cuyo propietario es un ser abstracto –«el consumo generalizado »-.
Así, la pieza realizada por Salazar para la ocasión, es un póster en el que encontramos una serie de letras que no conforman ningun mensaje. Un balbuceo extraño. En el anverso del cartel, un collage compuesto de imágenes de mujeres de estética punk, en actitud performática y cargadas de sexualidad, explota la idea de una feminidad diferente, alejada de la suavidad estúpida de las habituales modelos cosméticas. Reivindicativa, en cambio, de una subcultura que históricamente ha intentado luchar contra la avaricia, la uniformización y la estupidez generalizada y pequeño-burguesa de la sociedad capitalista.
En la instalacion en el Passage, algunos pósters fueron adheridos –siempre mostrando el texto inconexo- de forma individual, para que los paseantes ocasionales pudieran llevarse la pieza.
Sin embargo, muchos de ellos fueron colocados en la misma linea de adhesivo, para que, al intentar llevarse alguno, esto fuera imposible sin arrancar varios.
Al día siguiente, dos montones de carteles quedaron en el suelo como residuo de la intervención. Como si el espacio y la pieza hubiesen echado un polvo y las sábanas, arrrugadas, fuesen la prueba de que la la comunión fue perfecta. Obra y espacio fueron uno. Descarado y valiente. Efectivo y contundente. |
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